Cuestión de perspectiva

17 de enero. Me levanto temprano y camino hacia el metro para hacer una entrevista de trabajo. Ya sentado, una amable señora me cede su periódico y saco la primera sonrisa de la mañana al leer que un perro se ha colado dentro del metro de Madrid, que afortunado pienso, él no ha tenido que pagar los 12.20€ que cuesta el metro bus.

Hoy, 20 de enero, aun con la clásica duda de si te volverán a llamar o no, me dirijo como cualquier domingo a comer con la familia mientras vemos la televisión. En las noticias podemos ver como el pobre perro que se había colado en metro, ha aparecido muerto en un andén. Hoy ya no pienso que es un afortunado por no pagar el viaje, sino que siento lastima, mucha lastima de que no se haya podido hacer nada por el pobre animal.

También puedo ver en las imágenes como decenas de personas integrantes de protectoras de animales se manifiestan airadamente contra la empresa Metro por no haber llevado a cabo ninguna acción para poder salvar la vida del animal.

Cambiamos de sección y ahora, en noticias internacionales, vemos como en la India los acusados de violación y asesinato de la estudiante vuelven ante el tribunal. Además, el presentador de turno sigue dando más datos relativos al número de violaciones en este país, a cada cual más aterrador y cada vez pasando menos tiempo entre sucesos.

Pero aún le sigo dando vueltas a si el pobre galgo del metro de Madrid podría haber sido salvado, igual si hubieran dejado entrar a alguna asociación de animales, igual si por la noche al no funcionar el metro se le podría haber buscado… la solución llega tarde.

Una vez finalizada la comida, mientras hago la digestión tumbado en el sofá, me quedo pensando porque le he dado tantas vueltas a la noticia del animal, y si estaré falto de sensibilidad al no prestar tanta atención a la noticia de la violación de la joven india.

Pienso que quizás al estar bombardeado de noticias sobre violaciones, atentados y muertes diarias en países que no son el mío, me habré acostumbrado a ver horrores ajenos en el telediario y empatizo más con situaciones cercanas como la del metro.

También pienso en las decenas de personas manifestándose en contra de Metro por no hacer nada encaminado a la salvación del animal, y lo comparo con el absoluto silencio que ha provocado en nuestro país la situación de la mujer en la India, ya que no he visto ninguna manifestación ante la embajada ni ninguna muestra de rechazo social.

Y de tanto pensar, acabo llegando a la conclusión que igual no solo me he acostumbrado yo ante semejante horror, igual todos estamos un poco vacunados antes tales atropellos de derechos que la simple imagen de un animal muerto en un transporte publico nos provoca una desazón mayor que cualquier otra violación de derechos. Y quizás, solo quizás, deberíamos mirar con los mismos ojos todos los acontecimientos y noticias, porque una muerte es igual de importante en Madrid que en Malí, y no debería tener más o menos efecto en nosotros en función de su geografía.

Y por si alguien quiere llevar a cabo esta reflexión, invito a la lectura en esta misma web del articulo contra el maltrato animal de mi compañera Esmeralda Romo, a través del cual podrán sensibilizarse con este fenómeno y de este modo poder mirar todas las situaciones con la objetividad que merecen.

 

Rubén Muñoz Martínez-Blanco

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